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El asesinato de los líderes sociales María Ovidia Palechor, ella con el espíritu del pueblo indígena yanakuna del Macizo colombiano, y James Edímer Flor, quien cursó estudios de derecho para sentar su voz a favor de las víctimas del Cauca, no fue un ataque imprevisto. Ya venían amenazados por su labor social.
La pareja vivía en el corregimiento de La Pedregosa, zona rural de Cajibío, en el Cauca, aquejado por los grupos armados ilegales hasta que el primero de septiembre los intrusos les dispararon en su morada.
La pareja de líderes asesinados en Cauca. Foto:Archivo particular
El Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), indico: “María Ovidia, James y otras lideresas y líderes sociales habían alertado e insistido reiteradamente sobre el grave riesgo que enfrenta la comunidad debido a la presencia y el amedrentamiento de actores armados situación agravada por los hechos ocurridos en 25 de abril de 2026 en El Túnel, Cajibío. En varias ocasiones denunciaron sobre las amenazas y riesgos concurrentes, solicitando medidas de respuesta mediante acción urgente al Estado”.
Líderes y defensores de derechos humanos asesinados. Foto:Defensoría del Pueblo / Archivo
La Unidad para la Atención y Reparación Integral a las Víctimas (UARIV) expresó su profundo pesar y solidaridad con las familias, seres queridos, compañeros y comunidades de María Ovidia Palechor Anacona y su esposo, quienes fueron asesinados en el departamento del Cauca.
Rechazan el asesinato de los dos líderes en el Cauca. Foto:
“María Ovidia será recordada por su gran liderazgo, vocación de servicio y compromiso con el trabajo comunitario, especialmente con las comunidades indígenas del departamento del Cauca. Su trayectoria estuvo marcada por una profunda sensibilidad hacia las víctimas y por su permanente disposición para acompañar y fortalecer los procesos organizativos y comunitarios”, dice un reporte de esta entidad.
“Durante su labor con la Unidad para las Víctimas, acompañó de manera comprometida a los Sujetos de Reparación Colectiva (SRC) del departamento del Cauca, contribuyendo al desarrollo de procesos orientados a la reparación integral, el fortalecimiento comunitario y la garantía de los derechos de las comunidades víctimas del conflicto armado. Su trayectoria representa el compromiso en los territorios, con las comunidades afectadas por la violencia, proteger sus derechos y contribuir a construir caminos de reparación y reconciliación”, anota el comunicado.
Los líderes María Ovidia Palechor y James Flor, asesinados en el Cauca. Foto:Archivo particular, redes sociales
“La Unidad para las Víctimas rechaza de manera categórica este doble homicidio y cualquier expresión de violencia que atente contra la vida y la dignidad humana. El Cauca no puede seguir siendo escenario de hechos que pretendan sembrar miedo y silenciar a quienes trabajan por sus comunidades. La construcción de la Patria Milagro pasa necesariamente por recuperar y proteger los territorios, fortalecer la presencia institucional y garantizar que las comunidades puedan vivir, trabajar y ejercer sus liderazgos sin temor”, es el llamado de la Unidad.
En el corregimiento La Pedregosa, de Cajibío, Cauca, dolor por masacre del 25 de abril de 2026. Foto:JUAN PABLO RUEDA BUSTAMANTE
Insta a las autoridades competentes “para que adelanten con celeridad las investigaciones que permitan esclarecer estos hechos, identificar a los responsables y llevarlos ante la justicia; y reitera su compromiso con las víctimas, sus organizaciones y sus líderes que diariamente trabajan por la dignidad y el bienestar de sus comunidades”.
Ataque en Cajibío, en 2026. Foto:Ejército Nacional
Los hechos que antecedieron al asesinato de los líderes y esposos de La Pedregosa
Lo sucedido el 25 de abril fue la tragedia por la explosión de un cilindro bomba, atribuida a disidentes de ‘Iván Mordisco’ que causó la muerte de 21 personas, muchas de ellas del corregimiento de La Pedregosa, donde la pareja de esposos y líderes tenía su casa y había escrito una historia por los derechos humanos de su región.
Dolorosa despedida a 10 personas de La Pedregosa por masacre el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Los días previos a los crímenes, el primero de septiembre de este 2026, revelan la dolorosa radiografía de una comunidad que, antes de quedar huérfana de sus líderes, fue despojada pieza a pieza de su libertad. La vida cotidiana de Cajibío está inmersa en un laberinto de miedo, confinamiento y control de grupos armados ilegales en alianzas con grupos de delincuencia común.
El preludio del terror: civiles como escudos en un corregimiento como Ortega de Cajibío
La escalada violenta en la región tomó fuerza a mediados de agosto de este 2026, días antes del asesinato de la pareja de esposos.
A solo 25 kilómetros de La Pedregosa, en el corregimiento vecino de Ortega, el Ejército Nacional lanzó una fuerte ofensiva contra las posiciones del frente Jaime Martínez, disidencia bajo el mando de alias ‘Iván Mordisco’.
Atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
De acuerdo con informaciones de inteligencia del Ejército, la respuesta de los criminales fijó el tono de lo que vendría: el uso de drones cargados de explosivos y la ocupación armada de viviendas civiles. Desafiando el Derecho Internacional Humanitario (DIH), los disidentes obligaron a los campesinos a permanecer confinados dentro de sus casas, utilizándolos como escudos humanos en medio de las balaceras.
Atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
Aquellos días dejaron claro que, para los actores ilegales, la población civil ya no era ajena al conflicto; era un recurso táctico de guerra.
Las requisas en los retenes
A medida que avanzaba agosto de este año, el miedo se trasladó a las carreteras del municipio de Cajibío.
La Defensoría del Pueblo y diversos gremios de transportadores locales denunciaron una multiplicación de retenes ilegales en las vías internas de de la localidad.
Viajar en un bus intermunicipal o en una motocicleta se convirtió en un acto de alto riesgo.
Atentado en la vía Panamericana. Foto:Juan Pablo Rueda/ El Tiempo @juanfotosadn
En cada retén, hombres uniformados y fuertemente armados obligaban a los pasajeros a descender de los vehículos, exigir sus identificaciones y, de manera sistemática, confiscar sus teléfonos celulares.
El objetivo era revisar conversaciones de WhatsApp y redes sociales para identificar y castigas a cualquier habitante que estuviera informando sobre los movimientos del grupo armado. La intimidad y la libre movilidad en el corregimiento quedaron completamente anuladas.
Un corredor de guerra con La Pedregosa
La tragedia de La Pedregosa no se entiende de forma aislada, sino como parte de un cerco criminal sobre toda la microrregión noroccidental de Cajibío, que comparte junto a Ortega, Chaux y el vecino corregimiento de El Carmelo.
Atentado en la vía Panamericana, el 25 de abril de 2026. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPO
En este último, los grupos armados, en especial, los disidentes, ya habían dejado cicatrices imborrables. En septiembre de 2025, un atentado contra la subestación de Policía local incluyó la voladura de su vía de acceso principal e impactos directos que destruyeron hasta la casa cural.
Hoy, la crisis se extiende con fuerza hacia el norte, alcanzando al corregimiento de El Dinde en la microrregión centro-occidente —justo donde el río Cajibío desemboca en el río Cauca limitando con Morales—, lo que ha obligado a las autoridades a citar consejos extraordinarios de seguridad ante una máxima alerta humanitaria y militar en toda la cordillera.
La Pedregosa comparte linderos, fincas y problemáticas agrarias comunes con sectores rurales colindantes como La Capilla y El Cedro, y se conecta de manera directa e inmediata con su vecino geográfico más cercano: La Cohetera.
Hacia el oriente, la vereda busca la cabecera municipal, unida de forma vital por la quebrada La Pedregosa, la misma fuente hídrica que abastece el casco urbano de Cajibío y que hoy es testigo de cómo la violencia avanza desde las montañas hacia el centro del municipio.
De acuerdo con la Fundación Paz & Reconciliación (Pares), “La Pedregosa es un territorio ubicado en el municipio de Cajibío que fue víctima, en el año 2000, de una masacre en la que cuatro personas fueron asesinadas por integrantes del ‘Bloque Calima de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC)’. Este hecho fortaleció la unidad y la organización de la comunidad, que inició un proceso de resistencia y construcción colectiva para el reconocimiento de su territorio como un ‘territorio de paz’. Esta iniciativa contó con el acompañamiento de la Comisión Intereclesial de Justicia y Paz”.
Conforme con el informe de Pares, María Ovidia Palechor era una mujer indígena del pueblo yanacona o yanakuna del Macizo colombiano, oriunda del sur del Cauca.
“Hacía parte del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC). Su labor en la defensa de la vida y los derechos humanos la llevó a radicarse en el corregimiento de La Pedregosa. Su liderazgo se caracterizó por la defensa de los derechos de las mujeres y de las víctimas del conflicto armado. Gracias a su compromiso, carácter y conocimientos, integró la Mesa Departamental de Víctimas, desde donde impulsó acciones en favor de la verdad, la justicia y la reparación de las comunidades afectadas por la violencia”, informó la entidad.
Los líderes María Ovidia Palechor y James Flor, asesinados en el Cauca. Foto:Archivo particular, redes sociales
Por su parte, James Edilmer Flor fue un destacado defensor de los derechos humanos y de las víctimas de la violencia, originario del corregimiento de La Pedregosa, en Cajibío. Su fuerte arraigo y liderazgo en la comunidad lo impulsaron a postularse como candidato a la Alcaldía de Cajibío en 2015, bajo el respaldo del Polo Democrático. Asimismo, lideró la Mesa de Víctimas del municipio como su coordinador, espacio desde el cual impulsó la participación comunitaria y la protección de los derechos de las poblaciones más vulnerables del conflicto armado.
“María Ovidia Palechor y James Flor denunciaron de manera enfática el atentado ocurrido el 25 de abril de 2026 en el sector de El Túnel, municipio de Cajibío”, dice el informe de Pares.
El hecho dejó 21 personas fallecidas, “en su mayoría habitantes del corregimiento de La Pedregosa, y evidenció la difícil situación de violencia que enfrentan las comunidades rurales de la región”, es parte del documento.
Clamor de la lideresa asesinada en Cauca en un video. Foto:
Clamor de la lideresa asesinada en un video
En un video, días después de las 21 muertes en Cajibío, la lideresa Palechor habló junto a la Defensoría del Pueblo del Cauca sobre las solicitudes de la comunidad ante el miedo por la violencia que amenazaba a la población y al territorio de La Pedregosa, declarado por su gente como un territorio de paz, cansado de los derramamientos de sangre.
Esas peticiones se relacionaron con el esclarecimiento de la verdad sobre los hechos del 25 de abril.
También, según la Defensoría, con la Investigación rigurosa y justicia efectiva frente a los responsables.
Además, la reparación integral con enfoque diferencial, especialmente para mujeres, niñas, niños, personas mayores y comunidades étnicas.
Pidió, a su vez, medidas urgentes de protección para evitar la revictimización. Atención inmediata a la emergencia humanitaria generada por los hechos.
Asimismo, entre las peticiones quedaron consignadas la urgente presencia integral del Estado, más allá del enfoque militar, además de garantías para un diálogo con dignidad y respeto.
La comunidad pidió articulación entre niveles local y nacional para asegurar una presencia efectiva del Estado, con respuestas rápidas y oportunas, desde un enfoque territorial.
CAROLINA BOHÓRQUEZ
Corresponsal de EL TIEMPO
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